El Tercer Estado de hoy, el pueblo excluido, rechazado, vilipendiado, debe determinar las pautas de su propia vida en la sociedad. Millones de personas explotadas, masificadas, con horarios absurdos y sin derechos, ejecutan todavía los oficios que el Primer y Segundo Estado no quieren realizar pero no participan en las decisiones que afectan día a día su existencia. Frente a oligarquías consolidadas y élites militares o religiosas, los trabajadores de las más diversas condiciones y aquellos que han perdido o carecen de un trabajo digno continúan sosteniendo ese sistema de exclusión. Este Tercer Estado debe tomar las riendas de su propia vida.
Read More