Los encuentros maravillosos que propician la Fiesta del Libro y Medellín Negro, por Ramón Illán Bacca

Este evento en Medellín, como todo lo que organizan los paisas, estuvo inmejorable. Juan Diego Mejía, el director, resultó tan buen organizador como lo es como novelista. Uno de los programas más interesantes es ‘Adopta un autor’. En las escuelas se lee, durante un tiempo previo, a un determinado autor y en la fiesta se le lleva a encontrarse con sus jóvenes lectores.

Estuve en una escuela pública en Aranjuez, un barrio en los altos de Medellín. Quedé sorprendido por el griterío que se formó a mi llegada, los resúmenes que se hicieron de mis libros, el baile de La pollera colorá con muy buen ritmo, el retrato a lápiz que me hicieron, los libros de La mujer barbuda que me dieron a firmar y el momento feliz que me hicieron pasar.

La charla sobre literatura costeña que tuve conJosé Luis Garcés fue moderada por Guillermo Cardona. Estuvo amena y regocijada. Vi entre los asistentes a viejos amigos, de esos que al encontrarnos la pregunta es: “¿eres tú?”.

El comedor es el mejor sitio para alternar con los otros escritores. Luisa Valenzuela, escritora argentina, me habló de su amor a las máscaras y su paso por el Carnaval en Barranquilla. Hablamos de la política de su país y le confesé que no entendía al peronismo. “Es difícil, acepto”, me dijo. Después me contó cómo en su novela La máscara Sarda recogió el rumor de que Juan Domingo Perón había nacido en la isla italiana de Cerdeña. “Después de visitar la isla, donde el rumor era aceptado como un hecho, no pude abandonar el tema. La novela la escribí en pocos meses”, me dijo.

Gabriela Alemán, escritora y editora ecuatoriana, me regala un libro publicado por su editorial, 008 contra sancocho, del escritor caleño Hernán Hoyos. Un libro erótico y divertido que en los años setenta nos pasábamos de mano en mano los universitarios, los cantineros, los policías y las chicas malas. El único escritor colombiano que ganaba plata antes de García Márquez, afirmó Óscar Collazos.

En otra mesa encuentro la gente pesadade la novela negra en el país. Está presidida por Gustavo Forero Quintero, fundador del Congreso Internacional de Literatura Medellín Negro. En la mesa están también escritores argentinos como Pablo Yoiris, ganador del IV Concurso de Novela Negra en Medellín, con Resnik. Un tipo afable que me dice es profesor en una prisión en la Patagonia. Él ha dicho que “en la Patagonia el arte es una rama del turismo… nada de enredarse con cuestiones psicológicas y filosóficas, eso es para los porteños”.

Se encuentra también Fernando López, abogado, exmagistrado y autor de varias novelas premiadas como Arde aún sobre los años, premio Casa de las Américas en 1986, con Germán Vargas Cantillo como uno de los jurados. El mejor enemigo, novela que leo, nos muestra el terror en la dictadura militar de los setenta, de lo difícil que es detener al Estado cuando quiere perjudicar a alguien.

Con Jorge Barraza, el escritor y comentarista deportivo argentino, la corta conversación se dio en forma espontánea. Mencionó a Gyula Zsengellér, el futbolista húngaro, revelación en el Mundial de 1934, séptimo goleador mundial de todos los tiempos y que en el 52, ya cuarentón, jugaba con el Deportivo Samarios, en Santa Marta. Hablamos de René Alejandro Pontoni, considerado el mejor centro delanteroen la Argentina (por encima de Di Stéfano) y que me devolvió la pelota cuando jugaba bola de trapo en la calle del pozo. Venía Santa Fe a jugar esa tarde con el Deportivo Samarios, y ese pase fue mi gran momento futbolístico.

Publicado en el periódico El Heraldo, el 4 de octubre de 2015.

Córdoba Mata 2015. La sangre de América: Violencia política, literatura y crimen

“América se desangra” fue el disparador para congregar a escritores del género negro dentro del festival Internacional CÓRDOBA MATA 2015. En la del Patio Mayor del Cabildo, lmer Mendoza, Gustavo Forero, Néstor Ponce y Osvaldo Reyes narraron vivencias y contextos que atraviesan sus novelas negras. Como parte de “últimos resabios del realismo” el crimen y las desapariciones trascienden los relatos de ficción.

Por Ximena Cabral (*)

Elmer Mendoza, Gustavo Forero, Néstor Ponce, Miriam Pino, Osvaldo Reyes y Fernando López|

Elmer Mendoza, Gustavo Forero, Néstor Ponce, Miriam Pino, Osvaldo Reyes y Fernando López|

Crear entre las balas

La construcción y las propias biografías de los centrales referentes del género hoy fueron atravesadas por vivencias y experiencias disímiles. Osvaldo Reyes, referente vital del género en Panamá marcó, en el inicio de la conferencia, la importancia de la formación para crear ficción

“Yo comencé como lector, en toda mi infancia, sobre todo aventura. Un padrino en mi adolescencia me regaló ‘Cianuro espumoso’, de Agatha Christie que en esa época se conseguían en el supermercado”, manifestó Reyes.

“Tengo la memoria impresa de cuando lo leí, volteé me puse el libro en el pecho y quiero seguir comprando este tipo de libros hasta los 81”.

El caso fortuito de la novela, sumado al acompañamiento de la maestras en su formación fueron tallando su prosa en sus libros como “El efecto Maquiavelo”.

Por su parte, Néstor Ponce subrayó el respeto de la palabra como biografía propia. El argentino radicado en Francia, expresó como la vivencia del exilio le permitió experimentar los sentidos de la lengua natal y los matices y riquezas de la expresividad de la palabra.

Asimismo, especificó el carácter que tiene el propio género: “La relación literatura y crimen tiene que ver con el carácter social de la literatura. Con tanto hipertexto hoy lo que tiene grande la literatura es no perder la referencia, lo social.”

Los disparadores de la escritura y la relación del crimen con la literatura, propuesta por la moderadora Miriam Pino, se anclaron en el contexto de trabajo en México y Colombia. La experiencia de Gustavo Forero, escritor y profesor de Universidad Antoquia, fue radical y atravesada por la violencia política donde “el crimen resulta vecino”.

“Nací en una ciudad pequeña al lado de Venezuela y allí ocurría lo que está ocurriendo hoy. Muchas personas de Pamplona tenían que desplazarse a otra ciudad para poder sobrevivir en un contexto criminal., Mi madre tuvo que buscar cuando murió, las carreteras son fatales y la que comunica con Venezuela fue hecha en 1826, mi padre se fue por un precipicio”, señaló.

Gustavo Forero en el Córdoba Mata 2015

Gustavo Forero en el Córdoba Mata 2015

En el contexto de frontera era muy difícil para una mujer vivir sola, entonces mi madre se desplazó a Bogotá y allí era otro espacio del crimen, organizado o no, institucional o no. La delincuencia en Bogotá es una de las más altas del mundo. Los niños teníamos que convivir con esa violencia organizada, los paramilitares, las células del narcotráfico que iban surgiendo. Estábamos rodeados de crimen. Por mi condición, por mi nación y por mi historia personal el crimen me resulta vecino”, enfatizó.

Elmer Mendoza, reconocido internacionalmente como ser el padre de la “literatura Narco”, relató como el propio contexto lo llevó a ser un escritor negro: “Nosotros hemos vivido una zona de guerra. Hemos creado mecanismos sociales para sobrellevar esa situación. Ahí tiene que surgir un arte producto de estas circunstancias. No queremos que los países se olviden de esto. Nosotros no hacemos apología de nada, como en un año se producen 20 mil cadáveres ¿cómo vamos a estar de acuerdo con eso?. Los millares en la miseria sin política educativa, ¿cómo vamos a estar de acuerdo en eso?.”

Directo, confrontando las críticas de quienes confunden esta literatura con apologías, expresó: “Nací donde están los sistemas de producción y rutas centrales del narcotráfico. No puedo estar en la calle tirando balazos –siempre tuve mala puntería-, pero si puedo escribir textos y eso es lo que hago.”

El cuerpo del crimen: el escritor

“Yo trato de encontrar paz pero tengo paranoia. Siempre escucho los balazos, tengo miedo que venga alguien a mi casa a buscarme, cuando me manifiesto como profesor que me investiguen por decir cosas”, expresó ante un auditorio conmovido  Gustavo Forero y relató el caso de un docente que lo investigaron y lo apresaron por comentar en actividades internacionales lo que pasa en Colombia.

“En un país como el mío escribir es un acto de fe. Mi literatura es una correría y mi novela persecución es una paranoia. Ahí estamos todos los colombianos y sobre todo la sentimos los que queremos escribir y dar un manifiesto de nuestro contexto histórico que es lamentable. Mi tono es desde la denuncia, el dolor, el desgarramiento.”

Acordó que si bien Medellin, intenta cambiar, “lo que sabe de allí es la punta del iceberg, lo grave se replica en todas las ciudades colombianas”.

En Arauca no podemos asomarnos al río porque están persiguiendo, paramilitares, guerrilleros, todo el mundo. Si bien hay administraciones que quieren hacer algo por mejorar, aun perduran las fuerzas oscuras,” reflexionó como parte de escenario que bien describe en parte su novela “Desaparición”.

Elmer Mendoza, relató como es su trabajo en medio de los sonidos de silbidos y las explosiones: “Cuando todos los días empiezo a escuchar balazos ya empiezo a sentir temor. A quien se la estarán disparando es lo primero que veo.”

Sin embargo aclaró que “si todos los días hay disparos, atenta contra mí, no hay novela coherente. He tenido que tomar medidas mientras trabajaba. Hemos hecho un movimiento que es no entregar la ciudad, entonces lo ganamos en los restaurantes, los lugares y la calle.”

La lengua madre, la lengua viva

En la construcción de los escenarios propios del género, los nuevos escritores reconocen la importancia de poner los acentos zonales. Osvaldo Reyes explicó que “también hemos roto las reglas de las que muchos hablan del “deber ser”, de la literatura negra. Si no incorporamos la lengua coloquial de donde escribimos limitamos la posibilidad de representar las características particulares de nuestra sociedad”.

Ejemplificó con la lengua canalera, de los inmigrantes, que llegaron a la construcción del canal de Panamá: “Todavía la conservamos. Incluso la hemos incorporado en la literatura”.

Elmer Mendoza, también aclaró como “el lenguaje de la calle al pasarlo a las leyes del discurso, exige lo suyo. Una maldición que en México usamos muchísimo conseguir que tenga el efecto que un narrador busca para que tenga una emoción intensa, que cree una atmósfera. Incorporar al lenguaje esa lengua madre de la oralidad exige trabajo”.

Elmer Mendoza en el Córdoba Mata 2015

Elmer Mendoza en el Córdoba Mata 2015

En ese artesanato, donde se trabaja desde los recursos tradicionales del crimen, el suspenso, las sombras, Néstor Ponce como narrador y poeta, remarcó que “la función moral del escritor tenemos que asumirla como creadores y artistas. No de hacer un panfleto, sino crear trabajar con la lengua, la imaginación y la memoria para poder establecer un dialogo con el público.” 

Desde esa perspectiva, se fueron recuperando parte de los diferentes legados y desafíos que una América que se desangra interpela a los trabajadores de la pluma.

Sobre el final, Ponce recuperó ante un auditorio despierto lo que considera la potencia del género: “Los escritores policiales somos el resabio del realismo. Es una responsabilidad.”

Las discusiones sobre literatura y violencia continúan durante este fin de semana en Mina Clavero.

(*) Periodista – Secretaria de Cultura del Cispren.

Fotografías Manuel Bomheker.

www.prensared.org.ar

Publicado en Centro de Documentación Juan Carlos Garat.

¿Novela Negra en Colombia? Gustavo Forero, Laura Restrepo y Sergio Álvarez discuten sobre ello en Barcelona Negra 2015

Laura Restrepo, Sergio Álvarez y Gustavo Forero representan tres generaciones distintas de autores nacionales y se reunieron en Casa Amèrica Catalunya de Barcelona, para hablar sobre la realidad y la ficción.

Por: Isabel-Cristina Arenas

En Colombia no hay novela de detectives sino de criminales. Todas las novelas son negras. Es la conclusión de la charla entre Laura Restrepo, Sergio Álvarez y Gustavo Forero. Los tres se reunieron el pasado 11 de febrero en la Casa Amèrica Catalunya de Barcelona para charlar acerca de la novela negra en Colombia. Tres generaciones de escritores y diversas formas de ver el panorama nacional. Unos más optimistas que otros, con la ventaja que tienen la distancia y la experiencia, y ninguno sin la desventaja de los estereotipos que hay sobre vivir en el país.

La charla es dirigida por Paco Camarasa, comisario de BCNegra 2015 y librero, quien pregunta a cada participante cuál es la luz que aportan sus novelas a la realidad colombiana.

“En Colombia no se puede escribir sobre detectives, sería gracioso. No se investiga porque todo el mundo sabe quién mata”, dice Laura Restrepo, y continúa: “En toda civilización se dice que la vida es mejor que la muerte, pero en Colombia esto no es tan claro y la vida no tiene mucho sentido. Es la herencia que nos ha dejado Pablo Escobar: dinero fácil, lujo, mujeres, y si no lo tienes la vida es sólo anonimato”. A pesar de las declaraciones, esta escritora, Premio Alfaguara en 2004 con su novela Delirio, no puede evitar la emoción que siente al hablar sobre literatura, así sea sobre el tema recurrente de la muerte en las novelas colombianas. Restrepo comenta el inicio de Cien años de soledad, de García Márquez, y El desbarrancadero, de Fernando Vallejo, y demuestra cómo en un solo párrafo estos dos escritores atan el pasado, el presente y el futuro en torno al ciclo de la vida. “Un amarre de temporalidad”.

 

Sergio Álvarez, autor de 35 muertos (Alfaguara, 2013), cuenta que cuando era niño y vivía en un barrio de desplazados vio cómo alguien se empeñaba en robar siempre en la misma calle a pesar de los maltratos de policías y de la gente del barrio. En ese momento se dio cuenta de que los colombianos repiten una y otra vez las mismas historias. Después comenta con detalle el día en que Fabio Ochoa participaba en una cabalgata y la impresión que sintió al ver cómo la gente lo recibía aplaudiendo. “Escribir novela en Colombia es muy difícil porque la vida real siempre es más emocionante. La violencia lo atraviesa todo”.

Gustavo Forero, director del Congreso Internacional de Literatura Medellín Negro, se pregunta qué es lo que ilumina sus pasos. “La forma en que caminan los europeos y los norteamericanos es diferente. Ellos lo hacen con seguridad, el imperio se los da”. La intervención de Forero se centra en la necesidad de vigilar todo en Colombia, y en que a pesar de esto desaparecen treinta y cinco personas cada día y se convierten en anónimos. Denuncia que en el país se camina a la intemperie, no hay Estado, Gobierno, salud, vivienda, estudio. “En mi país la gente camina diferente”.

Al final de la charla Laura Restrepo cita a José Saramago, quien dijo que Colombia era fascinante, terriblemente fascinante. Estas dos palabras son enfatizadas por la escritora y después compara la inteligencia de los colombianos con la de los somalíes, que viven rodeados de conflictos. “Somos una descarga de energía, una mezcla agradable, adictiva, así nos matemos”. ¿Qué salida hay?, le pregunta un español del público bastante consternado por la situación del país. A lo que ella responde que los colombianos vivimos como si estuviéramos en un laboratorio que nos permite ver hacia adelante, como si ya hubiéramos vivido todo y estuviéramos de vuelta; lo que se vive allá es lo que va a pasar con la humanidad. “Esto no va bien, lo de Colombia es una visión concentrada del mundo, de lo mal que va, pero por lo menos poseemos la noción. Seguiremos igual a menos que tengamos el coraje de darle la vuelta a este sistema que no es humano”.

Sergio Álvarez dice que los seres humanos son capaces de lo mejor y lo peor dependiendo de las circunstancias. Cuenta que a veces pone las noticias de Colombia y se aburre pues llevan cincuenta años repitiendo lo mismo. “No importan las situaciones en las que viva la gente, los colombianos siempre vamos a encontrar una forma de comunicarnos”. A él no le preocupa el futuro, a diferencia de Laura Restrepo, prefiere vivir el día a día, “prever un poco porque vivimos más tiempo del necesario”. También insiste en que el futuro del mundo es el mestizaje, pero no el de raza sino el de culturas, religiones. Otro español consternado pregunta sobre el boom de producción audiovisual que hay en Colombia. “Tenemos una ley del cine fascinante (Ley 814 de 2003) y hay muchas posibilidades de hacer algo. ¿Está mal que Colombia haga novelas, series, películas de sicarios? ¿De qué más hacemos, de nuestros premios nobel en física?”, responde Sergio Álvarez, quien cuenta que el actor que escogieron para interpretar a Pablo Escobar era muy bueno, y la gente terminó queriéndolo más. “En Colombia pasan esas cosas, pero es un país de oportunidades tanto buenas como malas, así que hay que jugárselas”.

Los participantes en la charla hablaron principalmente sobre la situación actual del país, de cómo el mundo ve a Colombia y qué se puede hacer para cambiar la imagen. Hizo falta un poco más de literatura y sobraron estereotipos.

Publicado el 20 de febrero de 2015 en el periódico El Espectador.

Todos somos sospechosos: Gustavo Forero en Radio 3, de España, el 10 de julio de 2013

"Hoy tenemos una coartada muy ecléctica compuesta por varios libros de diferente índole y que tienen algo en común: la búsqueda de la libertad.

"Por un lado conoceremos Desaparición, la primera incursión en la novela negra para Gustavo Forero, responsable del evento internacional dedicado al crimen Medellín Negro, que nos habla a través de su ficción de la legitimidad del estado, de las libertades, la sociedad, el sistema... 

"Por otro lado tenemos ciencia ficción en formato clásico, hoy Yoli García nos acerca al libro de relatos futuristas Yo Robot, de Asimov, un imprescindible de la literatura universal que cuestiona la relación entre el hombre y la máquina y se pregunta si la tecnología, realmente, nos hace libres o esclavos.

"Y por último hoy defendemos también la libertad sexual. Lo hacemos con Megan Maxwell, autora romántica que se ha pasado a la literatura erótica para romper tabúes acerca de las relaciones íntimas. "Pídeme lo que quieras" es su trilogía más caliente. Habla de swingers, intercambios, sexo en grupo, porque en el sexo tampoco hay que tener barreras y si las hay, también se pueden romper."

Publicado en Rtve.

Cristina Fallarás presentó la novela Desaparición de Gustavo Forero en Barcelona

Ayer jueves al atardecer dimos la bienvenida en la librería de la Lluna a Gustavo Forero Quintero y su novela Desaparición. Con unos cuantos amigos, unos litros de ponche y unas viandas, la velada se alargó hasta la media noche. Tiempo suficiente para que el autor nos pusiera al día de la situación de impunidad criminal que se vive en Colombia, su país natal y de residencia.

“Una búsqueda infinita y absurda, que aborda las pasiones humanas enfrentadas a lo desconocido, un thriller urbano que hurga en los rasgos más oscuros de un país cercano a la esquizofrenia y la impunidad”.

Gustavo Forero Quintero, además de escritor y profesor universitario de literatura en la Universidad de Antioquía, es director del Congreso Internacional de Literatura Medellín Negro.

 

Según cifras de las organizaciones sociales y de derechos humanos, en Colombia diariamente desaparecen dos o tres personas. Desaparición es una novela que narra este drama en el contexto de la Toma del Palacio de Justicia de 1985. Desde la perspectiva original de un amor fracasado se revela todo un sistema de exclusión e injusticia social que enmarca el trasegar de miles de personas que enfrentan la pérdida de sus seres queridos y la elaboración de un duelo que nunca se llega a concretar. La novela presenta, así, un panorama de las circunstancias sociales que rodearon la Toma: el papel de la guerrilla y la lucha revolucionaria, del Ejército y Pablo Escobar o de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. En general, propone una íntima reflexión sobre el significado de la democracia y un hecho histórico fundamental para entender los problemas contemporáneos en Colombia. El desenlace inesperado permite evaluar estos y otros temas propios de lo que puede considerarse la naturaleza humana en tiempos de conflicto armado.

Forero Quintero, Gustavo. Desaparición. Bogotá: Ediciones B / 

Publicado en Librería de la Lluna

Este martes 30 de abril Gustavo Forero Quintero presenta en la FILBO su nueva novela Desaparición

“En Colombia es más importante la guerra en abstracto que la desaparición”. Gustavo Forero Quintero

El próximo martes 30 de abril se realizará el lanzamiento de la primera novela del escritor colombiano Gustavo Forero Quintero, Desaparición, en el marco de la 26ª Feria Internacional del Libro de Bogotá. Esta obra, caracterizada por una prosa ágil e incesante, llena de erotismo y dolor, fluctúa entre el romance y la tragedia, al tiempo que presenta una reconstrucción crítica de lo ocurrido en la toma del Palacio de Justicia y un duelo inconcluso suscitado por la desaparición de una de sus víctimas. Dialogamos con Gustavo Forero Quintero sobre el origen de su novela, editada por Ediciones B dentro de su serie “Novela Negra”, y sobre los alcances de Desaparición. Esto fue lo que nos contó.

P/ Si bien, su novela puede leerse dentro de la clave de novela de crímenes que usted mismo ha desarrollado como crítico, Desaparición sorprende por la multiplicidad de géneros que se mezclan en su prosa, pues puede leerse tanto como una historia de amor como una novela histórica, como una novela negra o, incluso, como una novela política. ¿Qué perspectiva considera que es más relevante en su obra y cuál es su propósito al presentar a un mismo tiempo una variedad de subgéneros tan amplia al lector?

GFQ/ Desaparición puede leerse como una novela de crímenes –de hecho Ediciones B la ha incluido dentro de la colección Novela Negra—, pues da cuenta de un ambiente general determinado por el crimen. Desde el homicidio hasta la desaparición forzada, pasando por la violación y el crimen político, la novela es un mosaico de lo que he denominado en mis estudios académicos la anomia social que vive Colombia y buena parte de América Latina. Al mismo tiempo Desaparición puede considerarse una propuesta posmoderna de la antigua novela realista, tan solidarizada con los oprimidos; e incluso puede entenderse como una novela histórica, pues se inspira en un hecho fundamental para la historia colombiana como la toma y retoma del Palacio de Justicia ocurrida en 1985. También puede asumirse como una novela sentimental o, por último, puede equipararse con la tragedia, por su final inesperado y desgarrado. Por lo tanto, creo que esta novela ilustra en efecto una mezcla de géneros literarios que bien merece atención crítica. Mi propósito, sin embargo, apunta más a mi propia visión del mundo como escritor, que se fundamenta más en la comprensión del mundo desde una perspectiva de la fragmentación.

P/ Justamente, en ese sentido, al leer la novela se siente que el desarrollo de la historia sigue la evolución emocional y psicológica de los personajes en lugar de una línea de tiempo que organice los hechos. ¿Hay una propuesta estética en ello?

GFQ/ Por supuesto. Lo que inspiró la novela, desde el punto de vista formal, fue una reflexión en torno al concepto del tiempo, aspecto que determina la estructura de Desaparición. Para unos, el tiempo es lineal, progresivo, en tanto que para otros es cíclico. Estas dos aporías de la dimensión han dominado la percepción cultural. Lo que yo quise representar en la novela es que el tiempo es una dimensión que cada persona asume de forma individual, como experiencia propia. Esto significa que sólo cada uno de nosotros tiene su idea personal del tiempo y su sentido del valor de esa dimensión. A partir de esta conciencia, surge lo que llamo la decisión, que es lo que Nietzsche ya había anunciado como la apropiación del tiempo con la famosa metáfora del hombre que muerde la serpiente que se le ha metido por la boca. Tal perspectiva, si se hiciera efectiva, supondría un cambio fundamental en la cultura. Y, como todos los cambios radicales, supondría sobre todo un cambio en las relaciones de producción: ¿es humano entregarle nuestro tiempo a una empresa despojándonos de buena parte de lo que Marx llamó la plusvalía? ¿Se justifica que sacrifiquemos nuestro tiempo viendo ocho horas diarias de televisión o entregados a actividades inocuas? ¿Cuándo trabajamos los domingos o los feriados, o cuando trabajamos por fuera del horario laboral, no tenemos derecho a un salario extra? ¿Tengo derecho a perder dos, tres o hasta cuatro horas diarias en un trancón? Estos interrogantes son sólo ejemplos cotidianos de la importancia de la manera personal de concebir el tiempo. Depende de lo que yo crea de él, aceptaré o rechazaré ciertas situaciones que me presenta la vida y al decidir respecto de estas estoy decidiendo mi propia vida.

P/ ¿Cuál sería su sinópsis de Desaparición?

GFQ/ Esta novela narra una experiencia sentimental de una pareja que pese a las circunstancias persiste en su amor y, como su nombre lo indica, una de ellas en un momento dado tiene que darse a la tarea de encontrar a la otra. De ahí que el nombre determine el tema de la novela. Esta historia, que es el duelo de una persona por su amada, que es desaparecida, se enmarca dentro de un hecho histórico fundamental para Colombia como es la toma del Palacio de Justicia de 1985, y aunque este hecho aparece como un fondo en la novela, es un hecho crucial porque determina toda la acción de los personajes por cuanto ellos son representantes, a su vez, de discursos, de ideologías, de una perspectiva política que lleva a cada uno a resolver la situación de una manera totalmente diferente. Por una parte está la utopía marxista, la utopía comunista, que pretendió llevarse a cabo y que defendieron tantas personas en los años setenta; y por otro lado está un poco el pragmatismo contemporáneo, el sentido de la utilidad individual, el sentido de la libertad en términos absolutamente liberales. Esta oposición es la que va a generar la tensión de la novela y su resolución. Creo que Desaparición da cuenta entonces de dos perspectivas políticas a grandes rasgos, las dos perspectivas que han forjado desde mi punto de vista toda una generación en Colombia, que es mi generación. La tensión entre ellos es la que va a generar la tensión en la novela y la fragmentación a la que me he referido antes, que puede equipararse sin duda a la tensión que vivimos hoy y que fluctúa entre el socialismo, aún vigente en muchos países de América Latina, y el liberalismo dominante al menos en términos económicos.

P/ El contexto de la Toma del Palacio de Justicia ocurrida en 1985 en Bogotá le agrega un carácter crítico y político fundamental a Desaparición. ¿Cuál fue la razón para que usted lo tomara como referente de la novela?

GFQ/ Respecto a este hecho trascendental para la historia de Colombia hay dos razones que determinaron su tratamiento en Desaparición: mi experiencia personal y el interés por el tema de la desaparición. En lo que atañe a lo primero, debo decir que para la época era estudiante de la Universidad Externado de Colombia y justo el seis de noviembre tenía examen final de derecho penal con el profesor Alfonso Reyes Echandía. El hecho de que el magistrado no llegara y la manera en que, a través de los medios de comunicación, viví su calvario tuvo para mí un efecto trascendental: cambiaría mi percepción del Derecho, de la democracia y, en especial del poder. En segundo lugar, de ahí en adelante me sensibilicé mucho con el tema de la desaparición. El hecho de que en Colombia desaparezcan hasta veinticuatro personas diariamente y de que tengamos un número de desaparecidos superior a 200.000 me llevó a plantearme el tema del dolor de las víctimas de este crimen. Durante la dictadura de Pinochet desaparecieron unas 1.200 personas y esto ha sido vergüenza nacional desde entonces. En Colombia hay muchos más desaparecidos y no existe verdadera conciencia social del hecho. Creo que es necesario que hablemos de ello, cada uno desde su propia perspectiva. La mía, por pasión y pulsión vital, es la escritura.

P/ La sensibilidad que se percibe en su obra hace que su voz como narrador se distancie mucho de la voz y la imagen que solemos atribuirles a los académicos. ¿Cómo percibe usted mismo esto?

GFQ/ Hasta ahora, mi trabajo como docente o investigador en el campo de literatura es lo que la gente conoce. Sin embargo, yo llevo años escribiendo y tengo numerosas obras –cuentos, obras de teatro, novelas— guardadas a la espera de su publicación. Una cosa ha ido acompañada de la otra. La academia enriquece la obra artística y esta a la Universidad. Creo firmemente que un maestro es quien asume su labor de una forma artística, y esto no quiere decir de manera ligera: ambas esferas del conocimiento hacen parte de una misma disciplina, la literatura que, como tal, exige sacrificio, dedicación y entrega. Nadie se imagina que un músico que enseña lo hiciera sin el rigor propio de su disciplina. Tampoco debe pensarse que por enseñar o hacer literatura se esté en el campo de la simple especulación o la sensibilidad pura. Como todas las áreas del conocimiento, la literatura exige entrega, mucho cuidado y trabajo. De no ser por todo esto lo que concebimos como inspiración no tendría ningún destino. O más aún: esto es la famosa inspiración.

P/ Su novela plantea, sin duda, una fuerte crítica a la militarización ¿Qué tanto cree usted que puede llegar a determinar esto la recepción que tenga Desaparición en el público y cuál es su propósito con ello?

GFQ/ Siempre he criticado este tema en Colombia y en el mundo entero. Nuestra historia está plagada de referentes militares, próceres, guerras, ataques, que es necesario cambiar. ¡Qué agradable sería una historia nacional contada a partir del desarrollo intelectual de la gente! La militarización de la cultura ha hecho de nosotros simples objetos de discursos delirantes. La Conquista, la Colonia, la Independencia han sido hechos históricos determinados por élites de poder armadas. Con el tiempo, la gente se da cuenta de que tales hechos significaron más derramamiento de sangre que felicidad para la sociedad. El propio vocabulario castrense me ha parecido siempre peligroso: palabras como vanguardia, estrategia, ataque, fuerza, competencia, ataque, etc. han hecho de nuestra vida un espacio de guerra, sobre todo en países como Colombia, donde el mercado de armas, la intolerancia o el sectarismo han llegado a niveles inhumanos. Espero que todo esto no haga más que invitar al lector a plantearse las cosas de modo distinto a como nos las han presentado. En tal sentido, busco una recepción original de autores pacifistas, pues es esto lo que más necesita la humanidad.

P/ ¿Y qué piensa de la estigmatización de los géneros?

GFQ/ Sé porqué lo pregunta. Desaparición es entre otras cosas una matización de las fronteras entre los géneros masculino y femenino (además de un ejercicio de desdibujamiento de otras tantas). Como dicen muchas feministas, creo que el modelo patriarcal está agotado y es necesario reemplazarlo por otros modelos culturales. Esto tiene que ver con la pregunta anterior, claro: la guerra, los imperialismos, las invasiones han sido en principio cosas de hombres y hasta el momento esa lógica histórica nos ha gobernado a todos. Es necesario trascender por fin las lecturas binarias del mundo, tanto como superar las divisiones entre los géneros que sustentaron esa lógica. Las mujeres no deben estar condenadas a ciertas labores, las de la casa o la maternidad, por ejemplo, como tampoco enemistarse con los hombres por querer hacerlo. Por nuestra parte, los hombres no podemos continuar cumpliendo los roles que nos exigen sacrificios (en la guerra, por ejemplo) o limitar nuestras propias demandas humanas de afecto o placer. Unos y otros, y los que se consideran en el medio o en las fronteras debemos vivir conforme a nuevas pautas. La cultura cambia, la tecnología avanza, la libertad tiende a crecer, ¿por qué no vivir conforme a múltiples perspectivas de lo que significar ser humano?

La presentación de esta novela en la Filbo estará a cargo del escritor colombiano Sergio Álvarez (autor de 35 muertos y La lectora), que desde su experiencia como lector y autor de novelas negras sostendrá un conversatorio con Gustavo Forero Quintero que permitirá ahondar en otros interesantes aspectos de su novela. La cita es el próximo martes 30 de abril a las 4:30 p.m. en el salón María Mercedes Carranza, de Corferias. ¡Marque su agenda para no perdérsela!

[Gustavo Forero Quintero es profesor de literatura de la Universidad de Antioquia; Abogado y Literato. Doctor “Cum Laude” en Literatura Española e Hispanoamericana (Universidad de Salamanca) y Magíster en Études Romanes (Universidad de la Sorbona - París IV). Entre sus libros se encuentran El mito del mestizaje en la novela histórica de Germán Espinosa (Universidad Externado, 2006), Magia de las Indias (Planeta, 2007), la edición notada de Xicoténcatl de autor anónimo (Iberoamericana/Vervuert, 2012), Crimen y control social (Editorial Universidad de Antioquia, 2012), La anomia en la novela de crímenes en Colombia (Siglo del Hombre, 2012), Trece formas de entender la novela negra (Planeta, 2012) y la novela Desaparición (Ediciones B, 2012). Es, además, director del Congreso Internacional de Literatura Medellín Negro y coordinador del Grupo de investigación Estudios Literarios de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia.]

Gustavo Forero Quintero.jpg

"Ya es tiempo de que en Colombia dejemos de pensar en abstracto y miremos de frente, como lo han hecho Argentina, Chile e, incluso, Guatemala, el dolor de la desaparición forzada", afirma el escritor colombiano Gustavo Forero Quintero, autor de la novela Desaparición, que se lanzará el próximo 30 de abril en la Filbo a las 4:30 p.m..

 @GustavoForeroQ / gustavo.forero@udea.edu.co

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