21 N, 21E, 21 F…: hacia una revolución social
El Paro de Colombia, que debe encaminarse hacia una Huelga general y a corto plazo a una revolución, constituye una esperanza para un sistema injusto que se ha mantenido incólume durante años, si no siglos, desde el nacimiento de la República incluso. Fue convocado en octubre de 2019 por el Comando Nacional Unitario de Trabajadores, una alianza de las principales centrales obreras y de pensionados que busca defender derechos laborales, promover reformas sociales y movilizarse por la paz y la justicia social. Esta entidad está conformada por las Centrales CUT (Central Unitaria de Trabajadores de Colombia), la central sindical más grande del país; la CTC (Confederación de Trabajadores de Colombia), una de las centrales más antiguas y tradicionales con fuerte presencia en sectores industriales y de servicios; la CGT (Confederación General del Trabajo), central sindical que agrupa diversos sindicatos para la defensa de los derechos de los trabajadores; y la CPC (Confederación de Pensionados de Colombia), organización dedicada a la defensa de los derechos e intereses de los pensionados. A ellas se sumaron numerosas organizaciones sociales, estudiantiles y comunitarias que reclaman sus derechos al gobierno.
“La historia del movimiento obrero del siglo XIX nos enseña hasta que punto la identidad de clase es una realidad construida, pacientemente forjada por los actores sociales, sobre la base de sus condiciones materiales sin duda, pero también de la movilización de referencias culturales, símbolos, sensibilidades políticas, formas de representación de diversa índole, así como de un sentido táctico innegable”, afirman Philippe Boudreau, René Charest, Hubert Forcier y Fanny Theurillat-Cloutier, activistas sindicales en Quebec, Canadá[1], y dando cuenta de la evolución misma de los movimientos sociales y su proyección en el futuro.
Desde este punto de vista, el Paro de Colombia es el resultado de una historia de exclusión y opresión que ha provocado una identidad de clase: los oprimidos, con una profunda raíz histórica. El Virreinato de la Nueva Granada nació como un fortín militar de la España imperial con una élite blanca que luego de la eufemísticamente denominada “Independencia” pervivió en perjuicio de los más humildes, los indígenas, los negros, los mestizos y toda una multitud de excluidos de los beneficios del sistema. “A contracorriente, queremos advertir que estas fechas [la Independencia incluida] no son más que expresiones rituales de las acomodaticias historiografías oficiales, cargadas de efemérides, de falsos héroes, mártires, próceres y caudillos, que tergiversan la auténtica historia de nuestros pueblos, al presentar como realización del ideal de la democracia el encumbramiento a sangre y fuego de las oligarquías”, afirma Julio César Carrión Castro, profesor de la Universidad del Tolima[2]. Lo único “moderno”, si puede llamársele así a la injusticia en que se sustenta, ha sido la acumulación de capital en unas cuantas familias que venían de ser rentistas en la Colonia y continúan siéndolo hasta la actualidad. En Colombia, la propiedad oligárquica sobre la tierra —“El 1% de las fincas de mayor tamaño tienen en su poder el 81% de toda la tierra colombiana”—, la conservación de inmensas fincas ganaderas e improductivas [3], la economía extractiva de metales e hidrocarburos, como las “industrias culturales”, se han mantenido años sin transformaciones substanciales. “Los datos del último censo agropecuario (2016) muestran que el 0,1% de las explotaciones agropecuarias tiene más de 2.000 hectáreas y controla el 60% de la tierra, mientras que el 81% de las explotaciones tiene un promedio de solo 2 hectáreas y ocupa menos del 5% de la tierra. Pese a esta evidencia, el gobierno Duque (2018–2022), enemigo de los acuerdos de paz, ha bloqueado, entre otros, el capítulo de desarrollo rural”, afirma Libardo Sarmiento Anzola[4]. En este mismo sentido, según el economista británico James Robinson, coautor de Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza (2012): El Estado está cooptado por las élites, muy lejos de la sociedad, y la sociedad está fragmentada y se integra al Estado de una manera muy clientelista, lo cual hace que sea muy difícil cambiar las cosas, porque está muy arraigado y ha sido así desde la Colonia” [5].
En efecto, esas élites herederas de un sistema arcaico, colonial, alejadas de la sociedad, dominan el Estado a su antojo. Así, bajo la dinámica de la violencia y la muerte, en un intento de equilibrar por lo bajo, han surgido una serie de negocios marginales que impulsan a otros agentes económicos pero en nada contribuyen a una armonía social. El contrabandeo, el trapicheo y el moderno narcotráfico se han enquistado en medio del Estado injusto e ineficiente donde unos y otros se hacen a su ganancia. Por lógicas tan perversas como esta, María Fernanda Barreto, analista geopolítica, investigadora y escritora colombo-venezolana, denuncia, entre otras cosas, que el gobierno de Duque ha terminado por ser, ante todo, un gobierno de mafias colombianas, de las más enquistadas y las nuevas, que han acabado por definir la condición misma de este Estado[6].
A un acumulado de pérfidas administraciones y grupos mafiosos y paramilitares de antigua y actual prosapia, se agrega la acción nefasta de una burocracia internacional –FMI, OCD, OMS, OEA, ONU— dominada por los imperios, sobre todo el norteamericano, que hace la vista gorda al problema y no planta talanquera alguna a las injusticias colombianas. Por el contrario, cohonesta con sus más repudiables vicios. La idea de que Colombia es una democracia liberal parece sustraer el país de cualquier análisis serio o intervención diplomática. Esa ficticia condición se sustenta en el hecho globalmente admitido de que el capital es más importante que las personas y quienes sigan esta premisa hacen parte del “orden global”. De tal modo, el éxito económico como objetivo social define la vida de los ciudadanos, aun cuando más del 60 % vive en pobreza extrema y siete de cada diez adultos mayores se muera de hambre. La constante asumida de que el Estado está al servicio de los ricos, la idea de que la democracia se encuentra en constante perfeccionamiento y la moral del ¡Sálvese quien pueda! se han instalado en el alma de ese orden mundial y, lo que es más grave, en buena parte de los colombianos víctimas de la situación y de mínima educación o deliberadamente una mediocre educación para comprenderlo y el imperio de medios de comunicación al servicio de los grupos económicos encargados de perpetuar la injusticia.
En este marco histórico lamentable, poco espacio ha habido para los movimientos sociales con justas reivindicaciones. Los poquísimos que se han presentado han sido sofocados militarmente y los más concurridos han sido ahogados tanto por las élites consolidadas como por el pueblo mismo, identificado a menudo con los intereses dominantes. En Colombia, la acción de los grupos progresistas de inspiración europea o los movimientos anarquistas con cierta tradición nacional poco eco han tenido pues el sistema actúa de inmediato reprimiéndolos o no ha habido terreno ideológicamente abonado entre la población para apoyarlos. Los movimientos precursores de la independencia, la insurrección de Los Comuneros (1781), el motín popular de 1893 en Bogotá (una primera manifestación de anarquismo en Colombia), el Motín del Pan del 23 de enero de 1875, también en Bogotá, y más cerca, el Bogotazo o el Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre de 1977, cuando fungía como presidente el lamentable Alfonso López Michelsen, no constituyen una tradición revolucionaria reconocida por el pueblo ni por sus intelectuales y escritores. Solo algunos grupos de excluidos, grupúsculos de clase media inconformes, intelectuales renegados o perseguidos, profesores y estudiantes de la más disímil condición han ido fortaleciendo el antiguo espíritu libertario. De esta minoría consciente, ilustrada deprisa por eficaces redes sociales, han surgido estas manifestaciones populares y una voluntad de revolución, como la que ahora, felizmente, se manifiesta. A una historia subrepticia de insurrección se suman hoy bombardeos de noticias de lo que ocurre en el resto del mundo para impulsar la avanzada.
Hoy por hoy, el ambiente revolucionario de Colombia se inscribe dentro de los movimientos sociales de todo el mundo: Ecuador (contra de las medidas económicas de Lenin Moreno), Hong Kong, Chile, Uruguay o España, entre otros países, que en medio de sus conflictos sociales y políticos demuestran el agotamiento mismo de un modelo económico: el capitalismo más salvaje. En todas partes la gente está cansada de trabajar para los ricos de siempre, de ser explotada día a día en trabajos de mierda, con sueldos de miseria, mediocres servicios públicos y mínima atención médica. La indignación por el costoso tiquete de metro en Chile o por las medidas del FMI no son más que representaciones de ese cansancio. Los jóvenes de todo el mundo, los estudiantes, los que no ven futuro más que en su propia esclavitud salen a la calle a manifestarse.
En medio de una historia de cariz conservador y confesional como la de Colombia, puede mencionarse aquí la acción de algunos sacerdotes que han apoyado e impulsan todavía el espíritu de la libertad y hacen del cristianismo viviente entre la gente un motor de cambio. Son la excepción, claro, y, a menudo, en lugares apartados de la geografía nacional donde persisten en su anhelo por mejorar la calidad de vida de los colombianos. Si a mediados del siglo XIX Manuel Ancízar exaltó la labor de estos quijotes en Santander o Antioquia, hoy por hoy se debe reconocer su carácter de individuos ungidos de un espíritu progresista nacido de su simple voluntad doctrinal. Lo mismo que sucedió con la Teología de la liberación identificada con el marxismo en los años sesenta y setenta del siglos pasado estos modernos misioneros apoyan el cambio. Aunque la Iglesia ortodoxa ha rechazado estas expresiones singulares de la fe y desde los púlpitos dominantes impone la manera oficial de entender la religión como formalidades y ritos, el cristianismo progresista busca con estos agentes sus caminos. Camilo Torres es una muestra emblemática de esta línea religiosa que afortunadamente continúa.
Distinta es la acción de las iglesias protestantes que se han enquistado en los barrios o en los campos colombianos respondiendo a la lógica económica que desde Estados Unidos se ha impulsado a fin de dominar el subcontinente. Estas iglesias ordenan a sus devotos participar en política a fin de asegurar el triunfo de las visiones más reaccionarias de la sociedad: poder centralizado, jerarquías establecidas, roles sexuales bien definidos y, en últimas, el aseguramiento de un antiguo régimen de exclusión, clasismo y patriarcado. El ataque sistemático de los evangélicos a las reivindicaciones de los derechos de las mujeres[7], el desconocimiento de la población homosexual o la oposición inerte a prácticas como el aborto y la eutanasia aseguran desde sus plateas el mantenimiento del statu quo feudal. La biblia se hace entonces un arma que se esgrime sobre lo más menesterosos asegurándoles que Dios está de su lado.
Por su parte, los indignados del 21 N, 21 F y siguientes en Colombia tienen reivindicaciones muy concretas en sus pliegos de peticiones. Ante todo, se manifiestan contra la reforma laboral, que busca disminuir el salario mínimo y pagar por horas precarizando a la población; y contra la reforma pensional que elimina la pensión como derecho de todos los trabajadores.
Al respecto, el sub presidente Iván Duque propone subir aportes a pensiones del 16% al 20%, y el megarrico Sarmiento Angulo y el Sindicato Antioqueño, que son dueños de Porvenir y Protección, empresas administradoras de fondos de pensiones y cesantías, filiales del Grupo Aval, quieren que Colpensiones, la empresa industrial y comercial del Estado que administra las pensiones, se acabe para tener más afiliados, y que aumente la edad de pensión[8].
Los indignados se manifiestan, además, contra el “Holding” financiero, que elimina el control del Estado sobre buena parte de las empresas, y contra el proyecto de ley presentado el mismo 25 de noviembre que busca que las empresas públicas más grandes de Colombia queden fusionadas[9].
Los protestantes se rebelan contra la corrupción, palabra que podría cubrir todos los problemas pero que aquí se concretó a la perdida billonaria de fondos del Estado; contra la reforma tributaria que rebaja los impuestos a las multinacionales y los aumenta para la supuesta “clase media”; y contra el llamado “tarifazo nacional”, que busca gravar a los ciudadanos para rescatar a entidades como Electricaribe, empresa de distribución y comercialización de energía eléctrica en la costa Caribe colombiana, filial del grupo español Gas Natural Fenosa, que se la robaron impunemente quienes la tenían a su cargo.
Todo esto no es poca cosa, aunque resulte incomprensible para una élite al margen del pueblo o para ciudadanos embebidos en el uribismo como religión.
A lo anterior debe sumarse el incumplimiento de los acuerdos por parte del gobierno con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, y con la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación, Fecode, el sindicato más grande de Colombia, y con los estudiantes.
En este último sentido la situación es tan grave que en el Congreso se propuso que con el presupuesto para las universidades públicas incluido en el Presupuesto General de la Nación se podrían pagar demandas contra el Estado. Este adefesio llegó a votarse, sin rubor alguno por parte de las fuerzas más reaccionarias del país. Contra esto, la universidad pública aún espera la “inyección” económica que ofreció Duque el año pasado, 2018, y que respondió a las movilizaciones de ese año en las cuales participaron estudiantes y profesores[11].
La situación de los indígenas es otro de los rubros incluidos en la lista. La precarización y marginalidad en que están las comunidades indígenas[10] o los afrodescendientes es una realidad que tiene que transformarse por fin, luego de siglos de explotación e injusticia contra esas minorías.
Por si lo anterior fuera poco, la indignación se extiende frente los llamados “falsos positivos”, que no son más que crímenes de Estado para lograr prebendas los militares (que tienden a repetirse); las miles de desapariciones forzadas que se multiplican y siguen en la impunidad y el olvido; el asesinato sistemático de líderes sociales en todo el país, que tienen un perfil común; un millón de hectáreas deforestadas en solo dos años, entre otras muchísimas más reivindicaciones. Eso sobre la base de que en Colombia, “... la estigmatización histórica a la pobreza y el recurso al clasismo para volver enemigo a los desamparados fue la vergonzosa arma utilizada por el gobierno local y nacional para dividir a la movilización”, afirma María Luisa Rodríguez Peñaranda, Profesora asociada de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia en su evaluación de las marchas del 21 N[12].
Otros hechos coyunturales de gran trascendencia social fueron la chispa de estas manifestaciones: los menores de edad bombardeados por el Ejército en el departamento de Caquetá[13], que como lo demuestra la revista Cambio 16 de 1993 hacen parte ya de una tradición, o los hechos ocurridos en el resguardo de Tacueyó donde grupos armados le quitaron la vida a cinco comuneros, incluida la Autoridad Ne’h Wesx Cristina Taquinas Bautista y cinco personas más. Las 126 autoridades tradicionales del Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, y la guardia indígena como defensores de la vida y la armonía del territorio, rechazaron lo ocurrido[14]. Como consecuencia de estos hechos, entre otros (que demostraron su incompetencia), renunció el mercader ministro de defensa, Guillermo Botero, uno de los pocos dueños de agencias de vigilancia[15] a principios de noviembre de 2019. Su gestión había sido desastrosa, pero, además, absolutamente antidemocrática. Con el fin de evitar los efectos indudables del 21 N, las fuerzas armadas a su mando (y luego su reemplazo) han utilizado estrategias de terrorismo de Estado para lograr sus objetivos: infiltrarse en las marchas[16]; “gasear a la población [17]; realizar allanamientos ilegales[18]; militarizar las ciudades[19]; difundir falsas noticias e informar de los movimientos sociales a partir del trillado “vandalismo” de los manifestantes (que resultó una falacia en su mayoría) y planear ataques sistemáticos contra las residencias en las ciudades con vándalos pagados a propósito. La cantidad de abusos del Escuadrón Móvil Antidisturbios, ESMAD, unidad de la Policía Nacional de Colombia, creada en 1999, los coleccionó la gente y pueden verificarse, entre otras fuentes, en una página “administrada desde Irlanda”[20]. “Durante el paro se realizaron 872 detenciones arbitrarias e ilegales; 62 casos de tratos crueles e inhumanos, 412 personas lesionadas y un líder estudiantil asesinado”, advierte Change.org [21]. Excepto algunas dignas excepciones, los medios de comunicación brillaron por su parcialidad. La insistencia en el tal vandalismo –que en buena parte era de infiltrados del Estado— invisibilizó las exigencias de los manifestantes. El ESMAD “ha actuado fuera de la ley, viola los derechos fundamentales y se constituye en un perpetrador que profundiza el conflicto social”, afirmó Juan Carlos Amador, profesor de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas de Bogotá-Colombia[22]. La monumental manifestación estudiantil por el desmonte de este ESMAD de septiembre de 2019 tuvo gran éxito y provocó algo tan terrible para el país como la muerte de Dilan Cruz. El conflicto llegó a niveles tan graves que entre los soldados hubo solidaridad con el paro[23] y el joven Brandon Cely Páez se suicidó por sus contradicciones con el batallón que representaba. Estas son sus palabras:
“Aquí ha habido muchas injusticias con nosotros, cosas que tenemos que callar y agachar la cabeza. Hoy un cuadro señaló que yo era de izquierda extremista, siendo él de derecha extrema. Entonces me señalaron a mí como un disociado. Para salvaguardar mi bienestar, salí de la base lo que acarrea en la Justicia Penal Militar de 2 a 3 años de cárcel por delito de deserción. No me han dejado más opción que grabar este vídeo para protestar y apoyar a los estudiantes y los invito a todos para que pelen. Peleen por nuestra educación”[24].
¡Este es otro fruto siniestro del estado militarista que tenemos! Y la situación no parece cambiar. Colombia se niega a seguir el ejemplo de otros países latinoamericanos que han progresado en el camino de la democratización real de la sociedad. La eliminación del ejército en 1948 en Costa Rica permitió al rubro de la educación contar con mayores recursos económicos y humanos, cosa semejante a lo sucedido en Panamá cuando el artículo 310 de la Reforma Constitucional de 1994 estableció que “La República de Panamá no tendrá ejército”. ¡Qué buen ejemplo son estos países para la Colombia de hoy!
Cacerolazos en las ciudades y hasta entre los empleados del congreso de la república[25] se sumaron a la indignación nacional. Todos los que sufren el peso de este absurdo sistema que no ve interés en otra cosa que no sean el dinero y la “rentabilidad” se manifiestan. Aquellos que defienden esta absurda lógica son los privilegiados o los que creen que detrás de todo esta el Comunismo, el Castrochavismo, Sao Paulo o una conspiración internacional. En realidad, es la realidad terrible de la explotación la que explica la crisis. El neoliberalismo quiere a la gente como mercancía, negociable y desechable con el uso. Quienes sufren sus vejámenes saben más de esto que cualquiera. Y son la mayoría. Por eso, las masas son las únicas que pueden transformar esta lógica. Quienes se aprovechan de ellas piden soluciones militaristas. Arguyen que es el “odio” el origen de todo y se debe defender el “orden”. En realidad es la absurda consciencia de supremacía de una élite y la búsqueda del éxito en sus negocios los que han provocado la crisis. Hablan desde su vil comodidad.
En su excelente ensayo "El espíritu de rebelión" (1914), Piotr Kropotkin (1842-1921), geógrafo, naturalista y teórico del anarcocomunismo, concluye respecto de una situación muy parecida:
“En estas épocas, la Revolución se impone y llega a ser una necesidad social; la situación es una situación revolucionaria.
Cuando estudiamos en nuestros mejores historiadores la génesis y el desarrollo de los grandes sucesos revolucionarios nos encontramos normalmente bajo este título: “Las causas de la Revolución”, un cuadro conmovedor de la situación en la víspera de los acontecimientos. La miseria del pueblo, la inseguridad general, las medidas vejatorias del gobierno, los odiosos escándalos que muestran los grandes vicios de la sociedad, las ideas nuevas buscando hacerse sitio y chocando contra la incapacidad de los secuaces del antiguo régimen; nada falta. Contemplando este cuadro, se llega a la convicción de que la Revolución era en efecto inevitable, que no había otra salida que la vía de los actos insurreccionales”[26].
¡Adelante manifestantes de todo el mundo! ¡Todos debemos denunciar la necesaria muerte de este sistema!
Trabajos citados
[1] Philippe Boudreau, René Charest, Hubert Forcier y Fanny Theurillat-Cloutier 28/08/2019. “El movimiento sindical debe reconstruir la identidad de clase”. Sinpermiso. http://www.sinpermiso.info/textos/el-movimiento-sindical-debe-reconstruir-la-identidad-de-clase?fbclid=IwAR3IrDRzk3NaO9YzT9CRY6Ly5CnJqXCaV5mBR6m5dEOljahSeXB9M0nHBbI
[2] Semanario Virtual Caja de Herramientas. Edición 645. "La “democracia” que hemos heredado", http://viva.org.co/cajavirtual/svc0646/articulo07.html?fbclid=IwAR3KicOkHvKwTjXCBfQDydt6XRht7ymDmEYXwDsaRTN5ortcr9pALGg0we0
[3] Semana Sostenible. “Un millón de hogares campesinos en Colombia tienen menos tierra que una vaca”. https://www.semana.com/impacto/articulo/concentracion-de-la-tierra-en-colombia-el-1-por-ciento-de-las-fincas-mas-grandes-ocupan-el-81-por-ciento-de-la-tierra/40882/
[4] Libardo Sarmiento Anzola. "Bases económicas para una Segunda República". Le Monde Diplomatique. “Desde abajo”. https://www.desdeabajo.info/ediciones/edicion-le-monde-diplomatique-n-190/item/bases-economicas-para-una-segunda-republica-2.html
[5] Daniel Pardo. “Paro en Colombia | "No creo que el país logre llegar a un consenso sobre cuál es su problema de fondo": James Robinson, economista”. BBC News Mundo. 27 noviembre 2019. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-50577978?fbclid=IwAR0aDPnV4Tkkr76frnH0wfkkuwE6gpnXVVkuwHTJestFJqNfqrLzooQcwqU
[6] María Fernanda Barreto. https://www.youtube.com/watch?v=HGAH5tPi-Xk&feature=youtu.be&fbclid=IwAR1IJNtAVMCWL-xRnxpfNR79LJVWmVvg1uSiB-n__fTyT_pR-45gzjVcgxc
“Almagro y Barbosa, una alianza contra la Paz”. https://revistaraya.com/maria-fernanda-barreto/431-almagro-y-barbosa-una-alianza-contra-la-paz.html
[7] Las Igualadas. “¿Cómo funciona la conspiración internacional de evangélicos contra las mujeres?”. https://www.youtube.com/watch?reload=9&v=6YqX0S0qpAs&fbclid=IwAR3X6VS3LBIwzYWshlDXo50wGRCrqI1btn8ZALY9XT3JSjCcUfA0Th8unog
[8] Wilson Arias: “Sarmiento Angulo y el Sindicato Antioqueño son dueños de Porvenir y Protección, ellos quieren que Colpensiones se acabe para tener más afiliados y…”. https://www.facebook.com/WilsonAriasC/videos/1371007693068195/UzpfSTEwMDAwNjQxNTM4OTA0NToyNTg1NjcyOTI0OTg5ODYy/?id=100006415389045
[9] Somos Colombia. “Se empezó a decretar el paquetazo de Duque”. https://www.youtube.com/watch?v=OyojCQCYHKs&feature=youtu.be&fbclid=IwAR1AlQMgMkswkXSAuu5x4sOB0oaliBRVoa5a1IWBcqF0-nRQO6_9aaGGBUI
[10] El Tiempo. “En Colombia asesinan a un indígena cada 3 días; van 120 este año”. https://www.eltiempo.com/unidad-investigativa/cuantos-indigenas-asesinan-cada-dia-en-colombia-428886?fbclid=IwAR3XaTLKyV4VTI1gBQLJtBF3Qf6dKPvACATqZgzNACy1ENajvlObv1YCiHo
[11] Le Cuento. “¿Qué pasó con los Acuerdos?”. https://www.facebook.com/lecuentolau/videos/368695920497470/UzpfSTEwMDAwNjQxNTM4OTA0NToyNTA3MDc4MDM2MTgyNjg1/?id=100006415389045
[12] María Luisa Rodríguez Peñaranda. 24/11/2019. “Las marchas del 21N en Colombia, análisis en tres pasos”. Sinpermiso. http://www.sinpermiso.info/textos/las-marchas-del-21n-en-colombia-analisis-en-tres-pasos?fbclid=IwAR2VrMDs5urAjNPwYt3vVbXNyV-86Fcnk76zHCOHX9_o8AY2ZIx_7y--pF8
[13] Pulzo.com. “3 niños que pedían auxilio luego de bombardeo fueron rematados: lugareños, a Noticias Uno”. https://www.pulzo.com/nacion/3-ninos-sobrevivientes-bombardeado-caqueta-fueron-rematados-noticias-PP798062
[14] CRIC. “CRIC rechaza la masacre perpetrada por grupos armandos a la autoridad Ne’j Wesx de Tacueyo y a la guardia indígena”. https://www.cric-colombia.org/portal/cric-rechaza-la-masacre-perpetrada-por-grupos-armandos-a-la-autoridad-nej-wesx-de-tacueyo-y-a-la-guardia-indigena/
[15] https://www.youtube.com/watch?v=SmR8Hal-aQk&feature=youtu.be&fbclid=IwAR00Yx-NlD6Dx5hL6BxoHOp9UIqEm5anTufgaIzzhZ1vnV1RfRIJ2bdfie8
[16] BLU Radio. 30 de Sept, 2019. “Versiones encontradas en Policía por investigación a uniformados por presunta infiltración en marchas universitarias”. https://www.bluradio.com/nacion/versiones-encontradas-en-policia-por-investigacion-uniformados-por-presunta-infiltracion-en-marchas-228254-ie5826373
[17] El Espectador. “A punta de gases dispersaron cacerolazo en la Plaza de Bolívar”. https://www.elespectador.com/noticias/bogota/punta-de-gases-dispersaron-cacerolazo-en-la-plaza-de-bolivar-articulo-892417?fbclid=IwAR3skt8NI03M7r5TFHOAnpMddTcIjeT9dmWOvIvP5xfmHPkXI3FmO-usYDA
El Espectador. “En resumen: así se vivió el cacerolazo, pese al toque de queda en Bogotá”. 23 de noviembre de 2019 - 02:22 a. m. https://www.elespectador.com/bogota/en-resumen-asi-se-vivio-el-cacerolazo-pese-al-toque-de-queda-en-bogota-article-892417/
[18] Canal 1. “Promotores del paro del 21 N denuncian allanamientos arbitrarios en varias ciudades del país”. https://noticias.canal1.com.co/nacional/promotores-del-paro-del-21n-denuncian-allanamientos-arbitrarios-en-varias-ciudades-del-pais/?fbclid=IwAR1-oTdbrCkIwryr5GfphXwWq4A8vyQc4Jt4wjv0-lE8sN0tvTl6B62P56I
W Radio. “Allanaron sede del sindicato de maestros en Antioquia”. https://www.wradio.com.co/noticias/regionales/allanaron-sede-del-sindicato-de-maestros-en-antioquia/20191119/nota/3980898.aspx?fbclid=IwAR2IZ4hRTctZWU6WlAKy2vYi5gCUeWi7iRRG1MdrQGLCWdQ7NCMvH5dAJQk
[19] Pulzo.com. “Aunque Mindefensa niega militarización, soldados ya patrullan algunas calles de Bogotá”. 19 de noviembre de 2019 - 04:04 am. https://www.pulzo.com/nacion/militares-patrullan-calles-vispera-paro-21-noviembre-PP801717?fbclid=IwAR2dlXp0zS2b_-crWADF2aoyRuC0eVBQGDA47jHpviJeFc93px4TlKqmQsg
[20] Libertad y Pensamiento. “La página administrada desde Irlanda que muestra los abusos de policías colombianos”. http://www.libertadypensamiento.com/2017/04/pagina-abusos-de-policias-colombianos.html?m=1&fbclid=IwAR2euM_-cqmT8V2KlQuw6XBBE3SdCKa9lqM6XITn3ta3-LXF86Hquxv6-3Q
[21] Ghange. org. “Audiencia Temática de la CIDH respecto a los abusos del ESMAD”. https://www.change.org/p/cidh-investigaci%C3%B3n-de-la-cidh-por-los-abusos-del-esmad-en-colombia-nom%C3%A1sesmad-fiscaliacol
[22] Semanario Virtual Caja de Herramientas. "Derecho a la protesta y desmonte del ESMAD" (http://viva.org.co/cajavirtual/svc0654/articulo02.html?fbclid=IwAR0u7d5n0YFL7UHkoZXMP3oaT8cBxdGd8d0xUaS77jcrq6PdZhCQNmBgg5g
[23] Las dos orillas. “Viva el hpta paro” el soldado que se le reveló a Duque. Video”. https://www.las2orillas.co/viva-el-hpta-paro-el-soldado-que-se-le-rebelo-a-duque-video/
[24] Minuto30.com. “EN VIDEO: Joven soldado se grabó apoyando el Paro Nacional y posteriormente se quitó la vida”. https://www.minuto30.com/en-video-joven-soldado-se-grabo-apoyando-el-paro-nacional-y-posteriormente-se-quito-la-vida/926729/?fbclid=IwAR2gcq-5q6M6iGgqknAeU29SyZNyb8u01DbpAPa6EQazeeQVwa5roT1F8bA
[25] Sergio Marín. “¡Histórico! en el Edificio Nuevo del Congreso de la República #Cacerolazo de trabajadoras y trabajadores”. https://www.facebook.com/SergioFARComun/videos/1042977489377887/UzpfSTEwMDAwNjQxNTM4OTA0NToyNjI4NDMwNzQ0MDQ3NDEz/?id=100006415389045
[26] Piotr Kropotkin. El espíritu de rebelión. https://es.anarchistlibraries.net/library/piotr-kropotkin-el-espiritu-de-rebelion
(Lamentablemente, algunas páginas de la red han sido eliminadas).