El peligro de convertirse en Venezuela
La Derecha planetaria está logrando convertir a Colombia en un protectorado de USA. El supuesto triunfo en primera vuelta de un nuevo Innombrable como posible presidente de la república ubica al país suramericano en el borde de ese abismo. "Felicitaciones a Abelardo de La Espriella por recibir la mayor cantidad de votos", afirmó el senador estadounidense Bernie Moreno, quien hace tiempo renegó de su nacionalidad colombiana, un camino que ojalá siga este Innombrable de no conseguir su oscuro propósito político. En efecto, también Abelardo de La Espriella, ADLE, se hizo nacional estadounidense y como Moreno juró defender los intereses del imperio al punto de enlistarse en su ejército y defender a la potencia si resulta necesario: “Apoyaré y defenderé la Constitución y las leyes de los Estados Unidos de América contra todos los enemigos… …y realizaré trabajos de importancia nacional bajo la dirección civil cuando así lo exija la ley”. Por supuesto, la defensa preventiva de la Seguridad Nacional de los Estados Unidos de Trump es hoy por hoy esa ley y Moreno y ADLE dos soldados más en la defensa del Tío Sam.
Sin entender de geopolítica y “detalles” como estos, la oligarquía criolla y un pueblo azuzado por las iglesias cristianas o los medios de comunicación anti petristas han apoyado a ese tinterillo defensor de delincuentes, paramilitares, narcotraficantes y del propio Alex Saab, el principal financiero del secuestrado Nicolás Maduro. Como en pasadas elecciones, esa derecha extrema antinacionalista, elitista, proimperial, racista y demás, se manifiesta más proclive a Washington e Israel que a los 115 pueblos indígenas de Colombia, los afros, la población LGTBIQ+ local o la población infantil y mayor vulnerable; más indulgente con los magnates de Epstein que con las mujeres cabeza da familia, las madres de los jóvenes asesinados por el Estado, los familiares de los desaparecidos, los animales o el medio ambiente.
Los medios se han encargado de igualar a Cepeda y De la Espriella. Por razones comunicativas y estratégicas. Objetivamente son dos personas muy distintas y es un hecho que el segundo no está calificado para la presidencia. Aunque se odie a Petro, hay que reconocer que Cepeda no tiene un prontuario penal. Aunque Cepeda hable como hable o esté al amparo de Petro, no se manifiesta militarista, represor, misógino o ultraconservador y antidemocrático. En España sucede algo parecido: muchos han llegado a decir que los dos partidos son la misma cosa, que todos están sacándole jugo al poder pero eso no es verdad. El Partido Popular tiene numerosos procesos por corrupción que no avanzan, ex presidentes abiertamente guerreristas, empresarios y mercenarios al servicio de USA e Israel, mientras que los casos de corrupción del PSOE tienen todos los reflectores.
Desde Miami, Ernesto Yamhure, reconocido opinador de esa extrema derecha, también celebra los resultados de las elecciones de primera vuelta de Colombia en Libertad Digital, un diario fascista de España. Dice que el "abogado De la Espriella" se enfrenta al neocomunismo. "Si tiene la oportunidad, el candidato de Petro impondrá el stalinismo en Colombia". "En una segunda vuelta se juega la libertad", concluye el siervo de la potencia. Con seguridad, ya debe contar con la nacionalidad estadounidense y debió votar como soldado del imperio.
A tan descabellada visión de la realidad, pueden sumarse las de magistrados de las cortes colombianas, jueces, ex ministros, militares retirados, mercenarios del Derecho como Mauricio Cárdenas y Manuel Gaona, empresarios o escritores del más oscuro pelambre, quienes han tenido a su servicio por siglos la llamada Cultura nacional. La evidencia de una operación internacional de injerencia de la United States Department of Homeland Security y del poder de una estructura mafiosa como Palantir a efecto de unificar geopoliticamente a un Occidente dominado por los magnates de la guerra resulta crasa. Además de las denuncias de fraude del presidente Petro en este sentido, algunos dicen: "No reconocemos estos resultados hasta el escrutinio en el que nuestros equipos estarán incansablemente revisando voto a voto". El Consejo Nacional Electoral, CNE, un organismo disque autónomo e independiente, de la organización electoral de Colombia le ha puesto todo tipo de obstáculos a la candidatura de Iván Cepeda.
La campaña sucia que se ha emprendido contra el candidato Cepeda incluye invenciones como tildarlo de guerrillero, Stalinista y más. Los medios, al servicio de emporios sionistas como el Grupo Gilinski, repiten todos los días las mentiras y no publicarían nada respecto de la labor progresista del padre de Cepeda, Manuel Cepeda, ni de la labor del Iván en el acuerdo de Paz de Juan Manuel Santos, quien lo convocó para esta función. La muerte del padre, como la de millones de víctimas de la represión oficial, la eliminación de más de cuatro mil militantes de la Unión Patriótica, las más de siete mil ejecuciones del Estado de jóvenes presentados como guerrilleros, la represión continúa de los gobiernos de los dos partidos tradicionales, sumadas a la acción de los paramilitares amangualados con las fuerzas militares o el fortalecimiento de las guerrillas gracias a los dividendos del secuestro y el narcotráfico no son temas a dilucidar en un foro periodístico neutral. Solo algunos analistas se toman el trabajo de abordarlos, sobre todo en España.
Lo que quieren muchos poderosos y, paradójicamente, multitudes alienadas, son soluciones inmediatas, “mano fuerte”, acción, y para ello nada mejor que un líder mediático, presentado falsamente como “outsider”, en realidad una caricatura mediática de otros modelos: Trump y Netanyahu, en primer orden, Milei y Noboa en segundo, y sobre todo Nayib Bukele, ese innombrable de El Salvador que ofrece campos de concentración para quien se oponga al régimen y lugares de detención de alquiler para quien lo solicite.
El mapa de América Latina, y de Colombia ahora, se define entonces por estrategias publicitarias rastreras, realitys a imagen y semejanza de las puestas en escena de Donald Trump. De ahí el significado mediático del alias del nuevo innombrable: El Tigre, eco del León del Sur, que ha devastado a la Argentina. Lo que puede seguir si este zapato llega a la presidencia de Colombia —comparación del periodista Daniel Cronell para ilustrar sus valores morales— es la violación flagrante de los derechos humanos y los de los animales y la naturaleza, el fracking y la represión militarizada, como en las más clásicas dictaduras del continente. La religión y la cultura serán solo simples mecanismos para manipular y seguir entregando el país al imperio.
Lo que queda claro de este asunto son las relaciones entre los intereses corporativos de los millonarios del planeta y, en particular, de los de Estados Unidos y la oligarquía local alineada con el imperio, la relativa independencia de América Latina y el lugar efectivo del narcotráfico en el mapa mundial.
Hace tiempo Trump y Netanyahu buscan establecer un eje occidental de poder y para ello cuentan con los vasallos más leales del Tercer Mundo. Con ellos, buscan desestabilizar gobiernos progresistas como los de México, Brasil y Colombia, países que se han salido de su espectro ideológico o simplemente estratégico. Con tal objetivo se han valido de todas las argucias posibles, incluso las más bajas y evidentes. Como he dicho antes, estamos ya en medio de una guerra planetaria y con el fin de dominar una nación pueden ser innecesarios tanques o golpes de Estado. Lo ocurrido en Palestina sirvió de aprendizaje y se ha venido sofisticando en Líbano, Venezuela, Cuba o Ecuador. En este momento Bolivia y Perú viven los embates del capital internacional y el “coloso del Norte” y sus aliados tradicionales afilan las garras. Los ataques se vuelven más sofisticados, “quirúrgicos”.
Si el ex presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, había sido condenado en marzo de 2024 por una corte federal de Manhattan a 45 años de prisión por narcotráfico y vínculos con el Cártel de Sinaloa, el 28 de noviembre de 2025, horas antes de las elecciones hondureñas, Donald Trump anunció el indulto total. Para el caso, Trump y el United States Department of Homeland Security elaboraron un vulgar proyecto de intervención mediática. Frente a la infamia, la justicia estadounidense demostró su condición de “departamento de recursos humanos del capital financiero". Frente a su inutilidad, poco le importó al dictador indultar al narcotraficante hondureño y reintegrarle sus derechos —incluida la posibilidad de una nueva presidencia— con tal de asegurar los negocios transnacionales y las inversiones de los magnates de las armas en el patio trasero de la potencia y en todo Occidente. Para esos negocios no hay principios, ni naciones, ni moral.
En efecto, para infiltrar las instituciones de un país y acabar con su soberanía, los magnates del mundo pueden, incluso, alterar el censo electoral y el número de puestos y mesas de votación o emprender una campaña sucia de desprestigio. Los intereses locales de una élite oligárquica solo apoyan sus designios.
En este contexto, votar por De la Espriella o en blanco (con el mismo efecto indirecto de apoyarlo) es votar a favor de la respuesta represiva para Colombia. Volver al militarismo, la desaparición forzada, las interceptaciones, los falsos positivos, las cárceles, etc., etc. El modelo no es solo Trump, es Bolsonaro, Maduro, Novoa, Milei y, sobre todo, Bukele, un dictador tropical que ha hecho del dolor una empresa al servicio de USA. Por más que no guste Petro o Cepeda, ninguno de estos es un delincuente al servicio de los peores intereses. Por favor, tomemos consciencia de lo que se viene para Colombia si no nos movemos ya. No se trata de ya ideologías o de odios, se trata de sobrevivencia.