Contra la guerra que vivimos, la huelga planetaria
El 12 de noviembre de 1976 tuvo lugar en España la primera huelga general desde el fin de la dictadura y en los inicios de la transición (rtve).
Hace tiempo ya que estamos en guerra y algunos se han dado cuenta. Para el multimillonario estadounidense Warren Buffet, el mayor accionista, presidente y director ejecutivo de Berkshire Hathaway: “Hay una guerra de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando” (The New York Times, 2006). La guerra entre quienes hacen negocios y quienes sobreviven es una evidencia. El escándalo alrededor del magnate financiero Jeffrey Edward Epstein es solo una representación simbólica de la contienda. Una élite corrupta, multimillonaria, sobre todo masculina y pedófila, aprovecha lo suyo en una isla paradisíaca al margen de la “humanidad” explotada y agredida. Es la misma élite que busca otros planetas para cuando destruyan este (Elon Musk de SpaceX y Jeff Bezos de Blue Origin, entre ellos).
No se necesita ser un Marx para advertir el desequilibrio entre los megarricos y las multitudes cada vez más precarizadas. Unos doce multimillonarios poseen más riqueza que 4.000 millones de personas más pobres, es decir, más de la mitad de la humanidad (Oxfam).
Hace algunos años, Michael Hardt y Antonio Negri (2004) advertían la crasa oposición entre poderosos multimillonarios y multitudes empobrecidas y recientemente el papa León XIV publicó la encíclica Magnifica humanitas señalando los peligros de la Inteligencia Artificial en este mismo sentido: “Si el ser humano es tratado como materia para ser perfeccionada o superada, entonces se vuelve más fácil aceptar que algunos sean considerados menos útiles, menos deseables, menos dignos. En nombre del progreso se puede llegar a pensar en ‘sacrificios necesarios’ y hacer pagar a los más vulnerables el precio de una presunta optimización de la especie” (2026). En efecto, el desarrollo tecnológico puede ir en perjuicio de los más vulnerables y una estructura mafiosa como Palantir, que es más que un programa o una plataforma, “influye, clasifica y gobierna sin pasar por las urnas”, según denuncia Canal Red.
La reunión en China de Gilead Sciences, la empresa biofarmacéutica estadounidense, líder mundial en el desarrollo de tratamientos innovadores y terapias transformadoras, es una imagen fehaciente del poder de esos magnates: los supuestos enemigos Trump y Xi Jinping están sentados uno al lado del otro y dirigen la reunión en representación de las dos potencias. Todos los asistentes están uniformados de traje oscuro y corbata. No hay ninguna mujer en la sala y las banderas de los dos países hermanados en el negocio están en el fondo del salón en un escenario de terror sofisticado. Son poderosos y discuten acerca de la vida en el planeta como en Metrópolis (1927), la película de Fritz Lang, donde es precisamente la tecnología la que genera la desigualdad estructural entre los hombres. Ya no existe un mediador entre el cerebro (la élite) y las manos (los obreros) pues el corazón se ha entregado del todo al capital.
La imagen fue duramente comentada tanto por la eurodiputada Irene Montero como por la periodista Cristina Fallaras.
En la guerra que vivimos, Trump, Netanyahu, Putin, Xi Jinping son solo las cabezas visibles del poder del dinero y la codicia. Un “selecto” ejército tras suyo se encarga de engordar los bolsillos de los comerciantes de armas, los proxenetas, los empresarios de las farmacéuticas, los narcotraficantes, los oligarcas mundiales en definitiva. Clinton, Aznar, el príncipe Andrés, el sultán bin Sulayem, Bill Gates, Andrés Pastrana son algunos de los nombres incluidos en la “Lista Epstein”. Contra ellos no puede ningún Derecho internacional, ninguna Corte Penal ni nada por el estilo.
Muchos hablan de un “nuevo orden mundial” como si nada y las instituciones diplomáticas demuestran su carácter burocrático a la hora de perseguir y sancionar. La ONU ha observado el genocidio de Gaza y la relatora Francesca Albanese se queda sola denunciando el holocausto palestino con 680.000 víctimas; la Corte Penal Internacional procesa solo a dictadores de África, pero ha sido incapaz de detener a Netanyahu, responsable visible del genocidio (Nicolas Guillou, juez francés de la entidad que profirió la orden de arresto ha sido perseguido sin cesar); la Unión Europea mira a otros lados y la OEA observa a Trump, Milei, Bukele o Novoa sin despeinarse.
Los magnates de la guerra se mantienen impunes con la subordinación e incluso el apoyo implícito o explícito de una “comunidad internacional” de vasallos timoratos, Europa entre ellos. “Ursula von der Leyen no es una voz neutral. Tampoco es una observadora imparcial. Es, desde hace años, una operadora política al servicio de los intereses geoestratégicos de la OTAN y del Gobierno israelí” (Spanish Revolution). Algunas voces se alzan por estrategia política o por exabruptos inaguantables como la eliminación en goteo de pescadores en el Atlántico eliminados por “narcotraficantes”. Con estas acciones, los jerarcas de la tierra siguen distribuyéndose el planeta a la fuerza y eficazmente. Pero no pasa nada. Todo sale por televisión y todos lo vemos, y a veces lo entendemos y manifestamos algún rechazo o damos un like en redes sociales a alguna denuncia. Nada más.
El flamante Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos tiene su propio plan de ataque y eso ya es público y archiconocido. El principio de defensa preventiva de cualquier agresión internacional le ha servido para avalar la guerra, intervenir en el medio oriente y secuestrar a Nicolás Maduro.
Apoyar un golpe de Estado en España con el apoyo de la extrema derecha de Vox y del Partido Popular, que cada vez más parecen lo mismo, responde a la misma lógica global de la guerra por los negocios. El No a la guerra del presidente Pedro Sánchez y la negativa del gobierno a permitir el uso de las bases militares de Rota y Morón para la guerra contra Irán o a subir el gasto militar al 5% del PIB no les gusta nada a los magnates. La imputación al ex presidente Rodríguez Zapatero de corrupción sucede en este contexto y puede ser otra “operación quirúrgica” tan sofisticada como el secuestro de Maduro con la aquiescencia de Delcy Rodríguez y Corina Machado ante la mirada atónita de los venezolanos. Todo resulta superficialmente justo, avalado además por un sistema policial y judicial que en buena parte, como en Colombia, está dominado por una derecha de espanto alineada con Washington. ¡Y con toda su complejidad la mayoría intenta comprender estas cosas en estrechas coordenadas nacionales!
Digámoslo directo. La soberanía de las naciones está agonizando e imperios anacrónicos se dividen el mundo a voluntad. La soberanía de los países “subdesarrollados” pero también la de los europeos, Líbano o Irán. Todos están frente a un dilema terrible: conciliar con los dictadores de las inhumanas potencias o sufrir su furia bestial. El mito de un pueblo elegido da para todo y los demás que se aguanten.
A menudo imagino a esos hombres ruines del capital con un mapa en la mesa dividiéndoselo todo. “Occidente para mí y el resto para mis amigos”, dirá el pedófilo en la sala oval. Por su parte, Putin discutirá la demarcación pero con un buen botín en el horizonte se adecúa a las adjudicaciones y a Xi Jinping se le mantienen los réditos de sus negocios tradicionales en todo el planeta (incluido el farmacéutico que se le ofrece como oportunidad). “Todo por arriba”, como decía Juan Manuel Santos, premio Nobel de la Paz, a propósito de la impunidad de los delitos de El Innombrable de Colombia. Las multitudes empobrecidas están domesticadas con la IA y buena parte suya se creé a pie juntillas que son “clase media” con algún poder político como incidir en elecciones locales o en alguno de los macronegocios planetarios.
La precariedad, la miseria, se va extendiendo por doquier y aparentes placeres y pequeñitas conquistas le dan a esa clase la imagen de autonomía y bienestar, de importancia. “Mientras no vengan por nosotros no nos interesa la geopolítica de los imperios”, dirán mirando las pantallas o hablando por el teléfono móvil. "Hasta que se nos notifique el desalojo tomaremos consciencia del desplazamiento”. Los medios nos abstraen, la superficialidad, el ruido, la banalidad… ¡Están matando a los niños en Gaza!, anuncian las redes, pero a pocos les importa de veras el asunto. Los sionistas atacan Libano pero todo permanece igual. La Global Sumud Flotilla intenta apoyar a las víctimas de Palestina y muchos se burlan del esfuerzo, incluso la Ertzaintza agrede a sus activistas a su llegada al aeropuerto de Bilbao. Un caso ilustra la totalidad.
Miles de guerritas intestinas, imagen de la gran Guerra, propiciadas por los caballeros Epstein, se reproducen por doquier. No obstante, los “centros culturales” y algunos acomodados no se creen en la mira y hablan de otra cosa. Hasta que la guerra no toque sus puertas, parece que no sucede nada. Ucrania se desangra, pero el este no es asunto global. América Latina va cayendo, pero es el Tercer mundo. La indiferencia y la ignorancia son solo armas de la guerra y son el arma más letal de los fascismos contemporáneos.
Desde Bolivia, los indígenas se oponen a Rodrigo Paz y hay quienes claman por una huelga general de toda humanidad para hacer frente a los poderosos. Como en tiempos de la Paz Armada, renace un espíritu cosmopolita que busca reunir a las multitudes en una oposición anticapitalista. Al final, en uno u otro lugar, en La Paz contra Paz o en Minneapolis contra los ataques del ICE, se comprende que el enemigo es el capital, que el problema es que la economía esté por encima de la gente, que el Leviatán de la ambición esté acabando con el planeta.
Cosa de indios, dirán algunos. Cosas de anarquistas que no entienden que la economía se autorregula. Puros eufemismos que esconden la realidad: la explotación de los trabajadores, la persecución, y con ello la contaminación del planeta, la explotación infame de hidrocarburos, de oro, de metales preciosos o tierras raras que hieren la tierra y esclavizan a los más pobres. “La expoliación es una necesidad”, argumentan lo más frívolos.
El problema en ultimas es que quienes sufren la miseria y el despojo se quejen. El problema son los mensajeros que lo advierten, quienes denuncian. Exigir responsabilidades es para muchos absurdo. Tanto como apelar a esa huelga mundial que someta las leyes del mercado al bienestar humano. Wall Street no necesita de eso. Tampoco China, Putin o Netanyahu. Lo rentable es seguir como estamos. Aunque como estamos duraremos bien poco. Los ricos lo saben y por eso buscan otro planeta para refugiarse.
¡La guerra ya está con nosotros!, compañeros, denunciemos por doquier. Nos están fumigando. Nos quedan minutos de vida si el fascismo sigue adelante.
Todos vivimos un canto del cisne, como los cubanos. El último lamento. Y de no parar la dinámica del capital, este será nuestro último canto.
“¡Proletarios del mundo entero, uníos!”, decían los revolucionarios en el siglo XX. ¡Humanidad entera, reaccionad!, podemos predicar hoy. El Leviatán del apocalipsis está cada vez más cerca y todos tenemos que hacer algo por detenerlo.
Artículos citados
Stein, Ben. “In Class Warfare, Guess Which Class Is Winning.” The New York Times, 26 nov. 2006, www.nytimes.com/2006/11/26/business/yourmoney/26every.html.
Michael Hardt y Antonio Negri. Multitud. Guerra y democracia en la era del Imperio. Debate., Barcelona., 2004.
León XIV. Carta Encíclica Magnifica Humanitas. La Santa Sede, 15 mayo 2026, Vatican.va.
Oxfam Internacional. (19 de enero de 2026). Billionaire wealth jumps three times faster in 2025 to highest peak ever, sparking dangerous political inequality. [Comunicado de prensa]. Oxfam International